26 dic 2009
Como la orilla del mar, aplausos suenan emergentes de miles de personas. Preocupada la marea de reflejar la luz de la luna en sus oleajes constantes y pasivos, excasos de colera y de furor, cosquilleando por su interior criaturas marinas observan desde su adentror aquello que ilumina sin pudor sus dorsos escamosos con variantes de colores magenta a su azul adoptado al nacer bajo la atmosfera marina. Algas se alojan en la pequeña y a la vez humeda orilla de arena, esperando al amanecer para deshidratarse con la luz del dios sol, perdonando al sol por darle el calor y permitirle acercarse a la arena que perfumada por el sereno de la noche anterior, al pisar la tierna arena tan suave y en granos tan pequeños y ligeros, los pies sienten la sabrosa humedad de ese sereno dirigido por olas a llegar a su destino alimentado por el aire religioso que el unico mar es capaz de vertir. La naturaleza es mas fuerte que cualquier otra cosa, y nuestra naturaleza ya no pertenece aca.
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